OBRAS PÚBLICAS EN 2025 AVANZÓ CON CONTROL TÉCNICO Y VISIÓN TERRITORIAL
La ciudad vive un ciclo intenso de transformación urbana y rural. A lo largo del 2025, la fiscalización municipal ha acompañado una cartera amplia y diversa de obras públicas que atraviesan parroquias urbanas, rurales, ejes patrimoniales, espacios deportivos, educativos y productivos.

En el frente vial, los programas Asfaltado y Obras Complementarias – La Nueva Historia en sus distintas fases han permitido intervenir decenas de calles en sectores históricamente relegados, combinando capas de rodadura con redes de agua potable, alcantarillado sanitario y pluvial, aceras, bordillos y muros de contención. Con inversiones que superan varios millones de dólares y avances físicos que, en algunos casos, ya rozan su culminación, estas obras mejoran la conectividad, ordenan barrios completos desde el subsuelo hasta la superficie. La regeneración de ejes estratégicos como las avenidas Tres Carabelas y Luis Alberto Valencia marca, además, un punto de inflexión en la movilidad urbana, con una intervención integral pensada para décadas.

En paralelo, la infraestructura comunitaria y social ha tenido un protagonismo sostenido. Casas barriales, mercados interculturales, complejos deportivos, parques y espacios recreativos se levantan o se renuevan con un enfoque que combina funcionalidad, inclusión y pertenencia. Obras como el Mercado Intercultural de Pilahuín, los complejos deportivos parroquiales, las casas del pueblo y la recuperación de barrios como Cristo del Consuelo o San José hablan de una planificación que entiende al espacio público como tejido social y obra civil.

El componente patrimonial y de mitigación de riesgos también ha sido abordado con rigor técnico. La estabilización del talud en la Quinta Juan León Mera, por ejemplo, responde a informes de riesgo inminente y protege un bien histórico, y una de las arterias viales más importantes del norte de la ciudad. A ello se suman proyectos de estabilización y muros de contención en varios sectores, ejecutados para prevenir deslizamientos y salvaguardar vidas, incluso cuando estas obras no siempre son visibles ni “inaugurables”.

La fiscalización ha acompañado, además, procesos de mantenimiento y repotenciación de infraestructura municipal: centros asistenciales, museos, edificios administrativos, laboratorios técnicos, mercados y centros de desarrollo infantil. Estas intervenciones, muchas veces silenciosas, garantizan que los servicios públicos sigan funcionando con seguridad, dignidad y eficiencia. En el ámbito educativo, el convenio con el Ministerio de Educación permitió intervenir 14 unidades educativas fiscales, mejorando espacios de aprendizaje con criterios técnicos y de bienestar estudiantil.

Finalmente, el cuidado del entorno urbano se expresa en proyectos de ornato, arborización, cerramientos, guardavías y mantenimiento vial, que refuerzan la seguridad, la estética y la convivencia cotidiana. Desde la colocación de palmeras en parterres hasta la instalación de barreras de protección en tramos de riesgo, cada acción suma en la construcción de una ciudad ordenada y habitable.

Detrás de este conjunto de obras hay algo menos visible pero decisivo: control técnico permanente, seguimiento de avances, correcciones oportunas y responsabilidad en el uso de los recursos públicos. La fiscalización, en este contexto, deja de ser un trámite para convertirse en garantía de que las obras se ejecutan, se supervisan y, sobre todo, responden a una visión de ciudad que no improvisa, y se construye paso a paso, con criterio y con memoria del territorio.